El diseño detrás de Raketa

En 2016 asistí a un taller con Carl Rohrs que me dejó una impresión muy fuerte. Exploramos la estrecha relación entre la tipografía y la caligrafía: cómo se han influido mutuamente a lo largo del tiempo y cómo han evolucionado juntas.

Esa experiencia me llevó a profundizar en la caligrafía con pincel, donde empecé a descomponer cómo la velocidad, la inclinación y la modulación dan forma a las letras. Mientras trabajaba distintos ejercicios, algunos trazos empezaron a destacar: tenían algo especial, algo que valía la pena seguir explorando.
Esa exploración me llevó de manera natural al espíritu del diseño de mediados del siglo XX y al trabajo de Roger Excoffon, Oscar Ogg y Oldřich Menhart. Sus enfoques, llenos de energía, oficio y una fuerte conexión con la caligrafía, encontraron su lugar en el ADN de Raketa de formas sutiles pero significativas.

La habilidad de Excoffon para llevar movimiento y personalidad a la tipografía fue especialmente inspiradora. Raketa conserva algo de esa influencia, con trazos rítmicos y una sensación de fluidez que evocan la energía dinámica de Banco. El trabajo de Oscar Ogg, aunque no fue una influencia estilística directa, me dejó una impresión por su atención al oficio y por la sólida base caligráfica de sus formas. Y luego está Oldřich Menhart: su enfoque escultórico, profundamente ligado a la caligrafía, tuvo un papel importante en la construcción del contraste y la modulación de Raketa, dándole mayor profundidad y presencia.

Aunque tenía una idea bastante clara en la cabeza, la parte más difícil de diseñar Raketa fue encontrar su personalidad. Mis primeros bocetos seguían muy de cerca el gesto del pincel, pero algo no funcionaba: eran demasiado ondulados, un poco caóticos y no terminaban de sentirse sólidos.

Seguí refinando y probando distintos caminos, pero nada terminaba de hacer clic. Después de muchas iteraciones, llegué a una variante de doble trazo: más estructurada, más afilada y con menos de esa sensación suelta y curva. Ese fue el momento en que el verdadero carácter de Raketa empezó a tomar forma.

Aunque el estilo de doble trazo sirvió como base para definir la personalidad de Raketa, esta variante todavía se encuentra en una etapa temprana de desarrollo.

Las formas de los primeros bocetos eran visualmente llamativas y tenían mucho encanto, con un alto contraste y una fuerte sensación de dinamismo. Sin embargo, me costaba hacer que el sistema funcionara como un conjunto coherente. Algunas letras, especialmente en las minúsculas, se sentían poco familiares y todavía poco desarrolladas. Por eso decidí sacrificar parte del contraste y ajustar las proporciones para lograr un sistema más armónico y práctico.


A partir de ahí, mi proceso cambió. En lugar de simplemente digitalizar cada trazo de pincel, me concentré en una aproximación más estructurada a la modulación y al contraste. El pincel seguía siendo una referencia, pero poco a poco fui soltando su influencia directa, permitiendo que Raketa desarrollara su propia lógica y su propio ritmo.

Ese cambio fue liberador: me permitió ver las formas desde una nueva perspectiva, menos centrada en la reproducción directa y más en la intención.
Al final, diseñar Raketa terminó siendo tanto un ejercicio de contención como de creatividad. Abrió preguntas importantes sobre influencia y originalidad, adaptabilidad y consistencia, mientras mantenía una conexión profunda con las tradiciones de la caligrafía. También me hizo pensar más en la conciencia histórica, la toma de decisiones analítica y la importancia de un proceso de diseño cuidadoso.